Comparaciones odiosas

Publicado en por elincomodador

Las comparaciones son odiosas, pero inevitables. Sobre todo si pasas un día en una playa nudista. Todo esto viene a cuento porque una de mis mejores enemigas me dijo el otro día que no le gusta que su novio la compare continuamente con su anterior novia. Normal. 

Las comparaciones son odiosas pero inevitables, y las cosas que no se pueden evitar es mejor tomarlas como vienen, es decir, sin sobresaltos ni dobles intenciones. Si te comparan con la ex de tu actual pareja piensa que es porque tenía mucho estilo vistiendo, si tu novio compara tus croquetas con las que hace su madre, piensa que es porque le das un toque tan especial que por remordimientos, él tiene que nombrar las recetas de su mami.

Lo cierto es que al comparar a dos personas que en principio no tienen nada que ver, de  lo que se trata siempre es  de resaltar las cualidades de una de ellas, la otra es la que sale mal parada. Yo tengo un truco para este tipo de situaciones, si me comparan con alguien automáticamente comparo a quien me lo dijo con algún premio nobel, tengo una lista amplia. El desconcierto hace que la otra persona no sepa de quién le hables y si la comparación es buena para él o no.

El arte de comparar ha de ser sublime, con un tono adecuado y una sonrisa.  Es como las técnicas de venta, comparando dos productos podemos hacer que nuestro cliente compre el que nosotros queramos, pero cuidado, al resaltar las malas condiciones de uno de los dos, el cliente podrá pensar que quizá lo estemos engañando. ¿Acaso hay alguien tan honesto?

Mi peor enemiga  es sobre todo muy lista. Y no es más enemiga que otra, porque sé que no le gustan las comparaciones y porque yo a pesar de todo, no la odio.

 

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