Patas de gallo

Publicado en por elincomodador

En la era del bótox, las operaciones con láser y el hilo de oro no es de extrañar lo que le pasó ayer a mi amiga Ana Conda.

Adicta al chocolate y más aún después de su no boda, decidió ir con su madre a una de las pastelerías más famosas de nuestra ciudad. Después de un buen atracón de glucosa y con la comisura aún con restos de azúcar se encontró con un antiguo amigo de la Facultad. Para su sorpresa su madre también lo conocía, e incluso parecía tener más confianza con el cuarentón que ella misma. Después del saludo  inicial no pudo sino preguntar de qué se conocían, pero se hizo un silencio. “De vista” dijeron casi a la vez, “vamos al mismo gimnasio” añadió su madre.

“Mi madre siempre ha sido muy extrovertida, salgo a ella” dijo Ana Conda. Silencio. Unos cuantos segundos. Incomodidad en el ambiente. Densidad en el aire. “¿Tú madre?” dijo el apuesto cuarentón, “pues… se conserva muy bien, de hecho pensé que era una amiga tuya, y tú…no me habías dicho que tenías una hija de mi edad jejeje”. Dos besos a una y dos besos a otra. Nos vemos en el gimnasio.

Más silencio. Pagaron la cuenta y  se marcharon. Al final, la madre de Ana Conda le confesó que había tenido sexo con el que había sido compañero de Facultad de su hija, y que por apuro le había dicho que tenía 41 años. Por fin Ana Conda pudo justificar el dineral que su madre se había gastado en la mejor clínica  estética de España.

Lo que le jodió y mucho a Ana Conda no era que su madre tuviera una vida sexual casi más activa que la de ella, ni que no se lo hubiese contado, mucho menos que el amante fuese unos 20 años más joven. Lo que realmente molestó y mucho a Ana Conda fue que su madre pudiera pasar por una mujer de su misma edad y que nadie lo cuestionara.

Volviendo al inicio de este artículo, creo que nos encontramos frente a un nuevo término a acuñar el de “culto a la cara”. Ya ha pasado de moda el culto al cuerpo, así en general. Ahora de lo que se trata es de eliminar arrugas, líneas de expresión, manchas, subir párpados, corregir tabiques, engordar labios y todo bajo la premisa de que parezca algo natural y no obra del bisturí.

Para todas aquellas madres o no, que renuncian a tocar sus rostros por la tontería de no perder expresividad y   no parecerse a lo que un día fueron un mensaje bien claro: la expresividad es un coñazo que no sirve para nada, jamás seremos lo que fuimos o sea que puestos a cambiar hagámoslo sin arrugas y sobre todo, cuando no tengas sexo porque aparentas más edad que tu madre, dejarás de criticar lo que hoy criticas.

 

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Jonay 09/23/2011 11:13


Siempre me ha hecho gracia la gente que critica la cirujia plástica. Como seres humanos estamos viviendo gracias a la ciencia más años de los que nuestro cuerpo deberia, y la esperanza de vida
tenderá a aumentar, gracias a vacunas, fármacos, avances de la cirujia considerada "aceptable" porque salva vidas. En esto último estoy de acuerdo, pero no es menos cierto decir que si con una
cirujia uno logra sentirse más a gusto con uno mismo, por que no? Si cada uno se amara más a si mismo menos problemos tendriamos (o al menos se reduciria el número de, perdón por la expresión, mal
follados o mal folladas). Entiendo que no todos podemos ser Amanda Lepore (aunque siento curiosidad por saber como se vive siendo ella por un día), pero un retoquin hecho con gusto y con
profesionalidad, no como lo que le hicieron a Nicole Kidman, puede servir para mirarnos al espejo y decir "Pero como quedo en una foto?"