Póngame una ensalada con guardaespaldas

Publicado en por elincomodador

No hay nada más bonito que la sencillez y la naturalidad. Y es que cortar una calle para que alguien acuda a comer es una gilipollez y una falta de respeto, como mínimo, para los trabajadores y vecinos de esa zona.

Me refiero a lo que ha ocurrido estos días en Madrid. Resulta que la princesa de Asturias, Letizia Ortiz se ha ido a almorzar con unos amigos y ha escogido un restaurante vegetariano  que está poniéndose de moda, pero que de todos modos ahora sí que será el sitio más total para los imbéciles que creen que porque vaya Letizia ya tiene que ser lo más.

Es natural que la princesa cuando no tenga obligaciones de agenda quede para almorzar con sus amigos, es natural que vaya a un restaurante vegetariano y que pida su menú de diez euros y es hasta sencillo  que sea ella la que invite a sus amigos. Lo que ya es un despropósito es que la seguridad que la acompaña decida cortar toda una calle por este motivo.  Durante dos horas largas todo aquel que quería acceder a su vivienda o a su trabajo o que simplemente quería pasear por esa calle tuvo que someterse a un exhaustivo control de documentación y  a un interrogatorio que hacía que la mayoría optara por darse la vuelta e irse.

Querida Letizia: si quieres tranquilidad y seguridad quédate en la Zarzuela,  allí nadie se verá obligado  a responder a un cuestionario tipo test ni a presentar su pasaporte para cruzar una calle. Y si lo que quieres es naturalidad no elijas un restaurante en el centro de Madrid. Ahora bien, si lo que se quiere es normalizar el estatus real dejemos de cerrar calles, plazas y avenidas.

Si llego a estar en ese restaurante el día que ella llega, pido una hoja de reclamaciones. Comer siendo observado por cinco guardaespaldas que ocuparon una mesa y que intimidaban a todo a aquel que tosía o se levantaba para ir al baño tuvo que ser algo así como estar en el Congreso cuando entró Tejero.  Me imagino  a esos guardaespaldas preguntando  el PIN de la tarjeta  de los que allí comían o incluso en la puerta de los servicios, queriendo saber qué ibas a hacer en su interior. Pero para colmo de la desfachatez resulta que Letizia pidió  sentarse, pese a la recomendación de su séquito de seguridad, en la única mesa que daba a un gran ventanal de tres por tres que daba a la calle. Expuesta, pero vigilada y observada por todo  aquel que pasa caminando por la calle. Me dice una vecina que incluso hay quien se paró y tomó una foto con su móvil.

No se pueden consentir esas exageradas medidas de seguridad en un barrio normal, de una ciudad normal , de un lugar normal. Pero sobre todo cuando nadie sabía que Letizia iba a aparecer por allí.No quiero ni pensar lo que ocurriría si Letizia decide poner de moda el bar de copas de mi barrio. Bueno ni yo, ni el dueño del bar que por cierto es republicano.

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