El arte de usar la lengua
Me hubiese encantado conocer a Encarna Sánchez. Es más, creo que decidí ser periodista cuando una tarde oí cómo la señora Encarna ponía fino a un político en su programa de la Cope. Y voy a ir aún más lejos, me hubiese encantado trabajar para ella y además gratis.
Aunque me considero una persona absorbente desde que tenga a mi lado a alguien que me enseñe algo, cosa que no me ocurre hace tiempo, creo que no hubiese podido absorber tanta habilidad para destruir algo o a alguien con una frase. Con un verbo, hasta con un silencio.
Esa es la grandeza de la Encarna Sánchez que admiro. Quizá por eso soy amigo de Ana Conda. Saber usar la palabra hablada es una de las cualidades que más deberían apreciarse hoy en día, sobre todo porque cada vez son menos los que leen y más los que necesitan oír.
Muchos han sido los que han querido copiar su estilo y años después aún se ven intentos fallidos, no hay más que ver Telecinco por la tarde. Pero nada, ni creando un producto como el Risto Mejide Telecinco ha logrado resucitar el espíritu de la gran Encarna, básicamente porque el carisma y el temor no se pueden copiar y mucho menos resucitar. Si tuviese un programa de radio lo llamaría en su honor “Lo que diga Encarna va a misa”, porque así era ella, una mujer que no hablaba, sentenciaba. Una periodista que no daba opiniones sino que describía realidades.
Me hubiese encantado seguirla en Twitter, enviarle una solicitud de amistad por Facebook y con el tiempo y después de ganarme su cariño, hasta enviarle un Whatsapp. Hubiera sido ideal. Y por eso hoy envío este aviso a navegantes, los monstruos no sólo nacen sino que también se crean y en ello ando, porque el arte de incomodar se aprende con maestros como Encarna.