La nueva y la vieja
Yo soy de la misma opinión que la gran Grace Coddington, no me gustan nada esas modelos a las que se les bautiza con el prefijo de “ la nueva …” seguido del nombre de una de las top models de los 90, que en mi opinión han sido hasta hoy las únicas tops del mundo mundial.
La última en cargar con la cruz de ser “la nueva” es Kendra Spears a la que para su desgracia y la de su carrera no han tardado ni un segundo en llamar la nueva Cindy Crawford. Vale, la chica podría pasar por su hija o hacer de Cindy de joven en una tv movie, y todo por tener ese lunar en la boca que catapultó a la fama internacional a la ex de Richard Gere.
Este fenómeno de colgar etiquetas a los nuevos talentos, y querer asimilar su obra o imagen a alguien ya consagrado me parece totalmente innecesario, tanto como saber si la hija de Belén Esteban será la nueva Chayo Mohedano o la nueva Rocío Carrasco.
Estas etiquetas son una muestra de la necesidad de algunos profesionales, sobre todo de la moda, de demostrar que saben mucho y que cuando ven un nuevo rostro, una nueva colección o surge un nuevo diseñador, tengan que compararlo con alguien que en su día alcanzó mucho éxito y reconocimiento profesional, como para afianzar sus conocimientos.
Flaco favor que le hacen a esos nuevos, a los que les cuelgan un lastre que si bien les abre puertas les cierra otras, porque imaginemos a un empresario que desea contratar a esta modelo, pero que no soporta a Cindy Crawford. Todo el mundo le recuerda que es igual. Por no hablar de lo que en el fondo subyace en estas comparaciones, hablar de alguien que ya no es nuevo, hablar de la “vieja” Cindy Crawford y de sus “viejas “portadas. Cuanta ignorancia