Para alfombras la de Aladino
La alfombra roja puede ser un arma de destrucción masiva, y no, no me refiero a la alfombra roja que puedes tener de adorno en tu habitación, ni a la que hay a la entrada de un edifico público.
La alfombra roja a la que hago referencia admite disparos, con flashes, pero disparos. Y como bien digo puede ser un arma de destrucción que acabe con tu reputación, tu profesión y hasta con lo más preciado: tu credibilidad.
Se ha popularizado la alfombra roja a extremos en los que ya cualquier evento o presentación tiene una, a veces con otro color, pero con el mismo fin: el de aparentar.
Amigos lectores de este blog, vamos a hablar claro: sólo hay una alfombra roja, la de los Oscar, lo demás, todo lo demás, repito todo lo demás, son copias, falsificaciones y ganas de cubrir las vanidades.
Si no hay 250 periodistas acreditados, si los invitados no van de alta costura, si las principales firmas de joyas no se matan para que alguna invitada lleve un collar o unos pendientes, si tu nombre no se pronuncia sin tu apellido…lo siento, pero no estás en una alfombra roja.
Por eso la alfombra roja ha ido derivando a su hijo pobre, a su hijo de precios populares, el photocall, que evita y prescinde de la mayoría de los requisitos anteriormente mencionados.
Y si vives en España y te dicen que habrá “red carpet”, así en inglés, entonces ya ni vayas porque las pretensiones son mucho más elevadas y las vanidades más difíciles de soportar.