Ruido comunicativo, Carbonero y la Campos
En La Facultad de Ciencias de la Información te explican el peligro que tiene para un futuro profesional que quiera dedicarse al llamado “periodismo serio”, que sea portador de uno de los peores virus que puede desarrollar un comunicador: el ruido comunicativo.
Este tipo de “maleficio” consiste en llamar mucho más la atención por el físico , la ropa o los gestos que por lo que queremos contar. Recuerdo que el ejemplo que nos puso nuestra profesora de comunicación Audiovisual fue el de Maria Teresa Campos. No sé yo si es el ejemplo más acertado para entender lo que significa el ruido comunicativo, aunque seguro que en aquella época en la que la Campos era la reina indiscutible de las mañanas era un recurso facilón.
Yo tengo mi propia lista de ruidosos comunicadores, de gente a la que es imposible prestarle atención por varios motivos. Para mí la musa es sin duda Francine Gálvez, la primera y hasta ahora única mujer negra que ha presentado un informativo en nuestro país. No debo estar tan desencaminado cuando jamás se ha repetido la experiencia, quizá porque los espectadores estaban más pendientes de admirar su tersa y morena piel que de lo que nos contaba. Sara Carbonero es otra de esas mujeres que da igual lo que cuente, ellas estarán más pendientes de su nuevo corte de pelo, de ver si lleva alguna pulsera que poner de moda o del color de sus labios. Ellos… ellos también estarán más pendientes de eso y de lo buena que está, asi que da igual lo que nos cuente sobre Nadal o la selección, como escuché el otro día en casa de unos amigos “para eso luego está el vídeo que ponen”.
José María Carrascal quizá por su voz y mucho por sus corbatas también nos hacia desviarnos de su discurso, y seguro que indagando en la memoria colectiva todos tenemos alguna referencia. El ruido comunicativo, tan necesario para nuestra sociedad, está viviendo sus últimas horas. Las cadenas de tv conscientes de esto seleccionan para sus informativos a gente que no llame la atención, de acento neutro, corte de pelo clásico y para ellas chaquetas y camisas tirando a sobrias. Aunque algo falló en la elección de Letizia Ortiz, al menos para su marido que decidió verla cada día en la pantalla sin prestarle atención a lo que contaba, porque para él lo importante era su rostro en un televisor de 32 pulgadas.
Y todo esto viene a cuento porque estos días me he dado cuenta de que el ruido comunicativo es ahora más necesario que nunca. Que vuelva Francine Gálvez y así no nos enteraremos del rescate, que Sara Carbonero sustituya a Pedro Piqueras y así no sabremos nada de los casos de corrupción, que vuelva Carrascal para ni enterarnos de cómo va la prima de riesgo…o en el peor de los casos que los debates políticos los presente la Campos, para que el brillo de sus camisas y pulseras nos impidan ver con claridad lo que pasa a nuestro alrededor.