Talentos desaprovechados

Publicado en por elincomodador

No hay nada peor que un talento desaprovechado. Tengo la  desgracia de conocer a algunas de esas personas que con un talento extraordinario están desempeñando un trabajo que está muy por debajo de su creatividad intelectual y profesional. Algunos incluso corren peor suerte, su talento en el mejor de los casos lo premia el INEM.

En ambos casos el nivel de frustración, inseguridad y descontento es tal que poco puedo escribir sobre ello. De lo que sí puedo escribir es de lo injusto  que es ver despachos ocupados por gente sin formación, sin experiencia y con muy poca profesionalidad mientras los otros, los del talento no tienen ni tendrán en el mayor de los casos esa oportunidad.

Curiosamente el talento va unido con la honestidad, y en los despachos con moqueta va quedando muy poco de eso. Al igual que los nuevos pobres, los nuevos jefes están amenazando  una de las principales cualidades de un trabajador. Lo que se supone imprescindible en cualquier profesional ha ido perdiendo fuerza.

Ana Conda, de la que por cierto sigo sin saber nada, dice que los despachos se han convertido en los lugares con menos prestigio de cualquier empresa. Casi siempre suele coincidir poca profesionalidad con despacho propio. Porque el que tiene talento lo quiere compartir y huye de espacios reservados, se mezcla con su equipo.

Harto de oír la misma historia y convencido de que muy poco va a cambiar le recomiendo a mis amigos y familiares con talento que cambien  a peor. Siendo más deshonestos,  poco creíbles, con escasos recursos para defender sus despachos  es como único podrán volver al mercado laboral.

La profesionalidad es un valor que ya no vende, no gusta. El criterio hace unas cuantas temporadas que pasó  de moda. Y aquí o te compras la última tendencia de este invierno o te quedas con ese aire a antiguo que empiezan a tener los que buscan un empleo amparándose tan solo en su profesionalidad. Porque lo antiguo será viejo, y es que eso del “vintage” seguro es un invento de alguien sin talento que quiere esconder sus miserias. Y que tiene un despacho.

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