Una ITV en la alfombra roja
Cada vez que se celebra la gala del MET (el Museo de Arte Metropolitano de Nueva York) tengo la misma sensación de angustia. Y es que no quiero ni imaginar la presión que soportan estilistas, diseñadores, peluqueros, relaciones públicas de las marcas y las propias invitadas, al que está considerado el principal evento de moda de este planeta llamado Tierra.
No debe ser nada fácil sentirse cuestionada, juzgada, analizada y hasta inspeccionada por millones de personas, y sino que se lo digan a la Pantoja, pero este no es el tema de mi post.
He llegado a la conclusión de que la alfombra roja de la gala del MET es cruel, porque al contrario que en los Oscar aquí nadie compite por un premio, no se puede desviar la atención de un mal look hablando de los nervios por la nominación o de a quién le dedicarías la estatuilla. Aquí no interesan proyectos, aquí solo interesa qué llevas puesto y cómo te queda. Viendo la galería de fotos de las invitadas a tal acontecimiento social, creo que la gala MET es la versión humana de la ITV de los vehículos.
Llega el día de la cita, pasas el examen y al final renuevas o no, todo depende de si los intermitentes y el claxon han pasado la prueba, de si los neumáticos están en buen estado y el cinturón de seguridad hace su función. Las modelos y actrices que acuden a esta gala van a sabiendas de que puede que al terminar su paseo por la alfombra roja, no obtengan la renovación y en consecuencia no puedan acudir a ningún photocall en muchos meses. Vamos, que no le ponen la pegatina.
Y esta crueldad no puede sino estar orquestada por Anna Wintour, que desde hace 16 años es la encargada de organizar este aquelarre cuya finalidad, según mi teoría, es eliminar de la “circulación” a aquellas famosas con mal gusto. Cada año pasa lo mismo, un tocado, un vestido o un zapato puede permitirte un año más de alfombras rojas o por el contrario llevarte directa a la chatarra.