Adiós sin el corazón...
A veces es bueno desintoxicarse, de lo que te rodea, de lo que sueles hacer, de las conversaciones que oyes o tienes cada día, de los programas de tv y hasta de la música que sueles escuchar.
Desintoxicarse es como beber agua cuando estás muy sediento, a punto de la deshidratación. Es tan necesario como respirar.
Y esto es aplicable a todos los aspectos de nuestra vida.
Desintoxicarse de los amigos es dejar descansar al corazón de alegrías y tristezas que se viven como propias.
Desintoxicarse de la familia es como cortar el cordón umbilical, da pena pero es necesario separarse de cuando en cuando y alimentarse por uno mismo.
Desintoxicarse de las aficiones es permitir que otras cosas que ni imaginabas te empiecen a gustar.
Y
de todas las desintoxicaciones la que menos cuesta, quizá por la rutina, el ambiente, la desmotivación o el cansancio es la desintoxicación del trabajo. Aún haciendo lo que más te gusta siempre va bien este tipo de “limpieza”.
Hoy aprovecho este post para recomendar a todo el mundo que mira el calendario y fije unos días para desintoxicarse, para poner orden, para estar con uno mismo, para saber a dónde vamos y sobre todo si queremos o no ir.
Y a veces este tipo de terapia se convierte en despedida...