De nada, Sara
Ser guapa y vestir bien no te garantiza nada. Bueno, te garantiza ser reconocida por tu belleza y por tu estilo al vestir. El ejemplo lo tenemos en mi fuente de inspiración: Sara Carbonero.
Mi relación con Sara no es de amor- odio, es más bien una relación especial, como cuando dos electrones chocan. No puedo dejar de hablar de ella pero nunca puedo destacar algo positivo, o quizá es que no quiero.
Hace unos días, Mediaset, la cadena que le paga precisamente para explotar su lado mediático, la llevó hasta Asturias como enviada especial de Telecinco: primera pregunta, ¿qué hace una periodista deportiva cubriendo un acto de estas características?, la respuesta estaba en los premiados: su novio Iker Casillas recibía uno de los galardones.
Carbonero, que llegó con aires de estrella al Principado, se negó a posar ante sus compañeros de la prensa al llegar al hotel porque dijo: “yo no puedo posar porque he venido a trabajar”. Pero claro, cometió un error, el día de la entrega de premios entró por la puerta principal como una invitada más, pisando alfombra roja, subida a unas espectaculares plataformas, y sin ver en la mano un micro, es decir, no estaba trabajando…y tampoco posó.
Ay Carbonero, deja de querer parecer una periodista seria y diviértete, disfruta de esta oportunidad y sácale partido. Hace unas semanas volvió a hacer lo mismo, esta vez como imagen de una marca deportiva, allí volvió a decir: “no hablo de mi vida porque no estoy aquí por mis relaciones, sino por mi trabajo”. Sí, seguro que Puma te contrató para que nos hablaras de cómo va la liga española.
Creo que su problema es pensar que Pantene la contrata por ser buena periodista, que ha dado las campanadas porque sabe contar hasta doce, que su cadena la envía a los Mundiales por los acertados comentarios que hace a pie de campo. No Sara, de electrón a electrón: tú interesas solo por tu relación con Iker, porque eres lo que se llama una it girl, porque una foto tuya en bikini en la portada de una revista vale mucho…así que déjate de tonterías, mira a la cámara, sonríe y da gracias por lo bien que van tus cuentas corrientes a costa de ser un producto y no una profesional. De nada, Sara.