Vamos a dejarnos de tonterías
Me aburro y mucho cada vez que escucho la palabra “telebasura”, como si quisieran ofender a los que vemos algún tipo de programas. Como si sentarte frente a tu televisor, en tu sofá y en tu casa y sin molestar a nadie fuera una deshonra. A mí me molesta mucho más mi vecina, que usa unos tacones de madera para caminar por su casa. Preferiría que estuviera sentada viendo a Belén Esteban.
La televisión está para informar y para entretener, para formar ya están los colegios y sobre todo los hogares, eufemismo de la educación que los padres y madres deben dar a sus hijos.
He tenido la suerte, la enorme suerte de tener una formación por parte de mis padres y por parte de algunos de los profesores que han pasado por mi vida. He tenido la gran oportunidad de estudiar dos carreras y de leer algunos libros. He tenido la fortuna de trabajar en lo que me gusta y desarrollar distintas ocupaciones, algunas de ellas con cargos de responsabilidad.
No descarto seguir ampliando mis conocimientos académicos y por supuesto no renuncio a los intelectuales. Me gusta estar informado, saber qué es la prima de riesgo, qué decisiones toma el Gobierno de mi país, si hay vida o no en Marte , saber quién ganó el oro en los 100 metros lisos o ver una peli basada en alguna de las grandes obras de Tenesse Wiliams.
Pero también me gusta un tipo de televisión, la que me entretiene, la que me hace reír, a veces la que me hace dudar de la moralidad actual y sobre todo me gusta la que algunos llaman “telebasura”.
Vamos a dejarnos de tonterías y a quitarnos las máscaras. Quizá la tele sea el reflejo de la sociedad y habrá que admitir que ésta en la que vivimos es bastante vulgar y choni, muy de decir tacos, de alegrase del mal ajeno y sobre todo una sociedad muy criticona, en donde tus compañeros de trabajo te ponen verde cuando toman café o en donde hay familias que se matan literalmente por una herencia. Eso sí que es basura.
Vamos a dejarnos de tonterías y a entender que una anécdota no puede ser una generalidad. En un país de 40 millones de personas, que dos millones y medio vean un programa no es para nada noticia, no significa nada, es un granito de arena insignificante que adquiere categoría de desierto por aquellos que se empeñan en llamar telebasura lo que otros consumimos. Basura es que cuestionen lo que haces con tu tiempo libre.
Y sinceramente, más que preocuparme el futuro laboral de Ana Pastor ( que ha reconocido tener varias ofertas) me preocupa saber si finalmente Rosa Benito volverá o no a “Sálvame”.