Naty y sus tetas
Las tetas de Naty Abascal son de interés público. O al menos es lo que ha dicho un juez del Tribunal Supremo. Pero lo que más me ha llamado la atención de esta noticia es que la protagonista o sus abogados han tasado las tetas en 300.000 euros. Resulta que en mayo de 2006 ( qué rápido va la justicia en este país) una revista publicó en su portada unas fotos de la señora Abascal en una playa de Huelva. Naty demandó alegando honor, intimidad y todas esas cosas y pedía una indemnización de 300.000 euros, 150.000 por pecho.
El magistrado ha valorado algo que a los abogados de Naty quizá se les escapaba. La demandante no solo es un personaje público, no solo estaba en una playa y por lo tanto un espacio público, sino que además y aquí va lo bueno, ya Naty había posado desnuda en su etapa de modelo. Allá por los 70 aparecía en la portada de la revista Playboy enseñando sus tetas treinta años más jóvenes.
Es decir que si por enseñar las tetas cobras una vez ya siempre alguien tendrá el derecho de sacarte en bolas y publicar esas fotos. El derecho a la intimidad desaparece para la Justicia desde el momento en que tu vida se airea en las portadas del Hola! o te dedicas a ir de fiesta en fiesta promocionando la ropa de tus amigos diseñadores.
La fama no sirve para casi nada. Esta sentencia unida a otra serie de acontecimientos que aquí no podré enumerar me lleva a la conclusión de que la fama está devaluada. En el mercado de valores de la vida ser famoso ya no es sinónimo de una mejor vida. La fama destruye, convierte a las personas en personajes, les deja en ocasiones y por sentencia judicial desprovistos de intimidad y encima permite que tus pechos sean de interés público.
O quizá es que la fama es más agresiva con aquellos que se apropian de ella sin que ésta vaya unida a un trabajo que la respalde. Ser famoso porque sí es un arma de doble filo, te permite colarte en fiestas y quizá te hagan un descuento en alguna tienda…pero a tus tetas o a tu culo no los respetan ni los jueces.